Hermanas de Misericordia de Montreal
Historia y Misión
El Instituto de las Hermanas de Misericordia tiene su sede social en la cuidad de Montreal, provincia de Quebec, Canadá. Allí, fue fundado por la señora Rosalie Cadron-Jetté, viuda, en 1848. Mujer simple, nacida en Lavaltrie en 1794, casada a los 17 años y madre de once hijos, seis de los cuales alcanzan la edad adulta. Viuda a la edad de treinta y ocho años, mientras reside con su familia en Montreal, se consagra particularmente, a ofrecer ayuda a las madres solteras que eran rechazadas por la sociedad. Por petición de su obispo, Monseñor Ignace Bourget, ella funda la comunidad con el fin de perpetuar la obra.
El nombre de «Hermanas de Misericordia», recibido de monseñor Bourget, expresa por sí mismo el carisma comunitario de la Congregación. Él identifica su espiritualidad y traza la línea directriz de su actuación apostólica.
Extensión de la Misión
Desde su fundación, el Instituto evoluciona gradualmente. Extiende sus servicios en Canadá y Estados Unidos, más tarde y durante varios años en Camerún, África, y actualmente en Pascuales, Ecuador.
Rosalie Cadron-Jetté inspiró a quienes la sucedieron y recibieron la audacia y el coraje que la animaron a hacer frente al desafío de fundar el Instituto.
Las Hermanas de Misericordia dirigieron residencias para madres solteras y sus hijos, maternidades abiertas a todas las mujeres así como también, hospitales generales. Progresivamente, a partir de los años 1980, ellas se retiraron del sector hospitalario y de los hogares de acogida, para dedicarse exclusivamente a los centros de día.
Intervenciones
Por lo particular de su ministerio, las Hermanas de Misericordia se encuentran comprometidas en una sociedad en la cual, aún en la actualidad, las mujeres jefas de familia monoparental se sienten desfavorecidas. Con frecuencia, ellas viven al margen de sus allegados y deben luchar para asegurar su subsistencia y la de su hijo. En este difícil camino, se les ofrecen diversos servicios de acompañamiento, a fin de ayudarlas a recobrar su autonomía, redescubriendo sus propias fuerzas, y reconstruyendo la confianza en ellas mismas y en los demás.
Este acompañamiento, se vive dentro de la sinceridad, a través de la acogida y la escucha benévola. Además, con el deseo de mejorar la situación, se comparten proyectos solidarios y de promoción colectiva, por una lucha conjunta para alcanzar una mayor justicia social y, particularmente, en la defensa de los derechos del niño y de las mujeres jefas de familia monoparental.
Las Hermanas de Misericordia trabajan junto a laicos que prolongan la misión a través de sus acciones, con igual inquietud de amor, de compasión y de justicia. Estas personas, forman una gran Familia espiritual y apostólica, « La Familia de la Misericordia. »